nunca deja de llenar
dulces dedos de las caricias
su alimento
primera luz en los ojos
sus pétalos
espinas a la rosa
risas sobre la cuna
la máquina de coser
aguijonea
las uvas de la parra
el viento endereza las hojas
con el taconeo
los vestidos del flamenco
hilos que zurcen los ríos
y las piedras llevan
no lloren la serenidad de la piel
de la luna
las pasadas luces
y las pinceladas de los pájaros en las mejillas
de los payasos
los recuerdos
la hilaridad
madre.
R. Primitivo Carcedo