Caigo sobre la cama, es mi hija que de un salto me tumbó como un dinosaurio enano de peluche, me rodea y lanza zarpazos que a lo sumo apenas mueven mi camisa.
Desde que vio la luna, la señala. Yo la veo también bajo las estrellas, en un beso y un abrazo.
El cielo se esconde lentamente y salen los grillos... y el aire me sabe al movimiento de las hojas... ahí sé que estoy vivo.
Cuando mi hija me ve, corre hacia mí con los brazos abiertos, yo me arrodillo para recibirla, es ahí cuando descubro que existe Dios.
A Zafir
R. Primitivo Carcedo