respetar el golpe salino de alta mar
en tu cara
de aferrarte con tu mano izquierda al mástil
confiando en Dios
y cayendo al vacío del oleaje
quebrador de troncos y fierros
sin reírte
de un aterrado hombre pero firme
ante la tormenta
te doy mi barca.
R. Primitivo Carcedo