En un lugar indeterminado por el tiempo, Dios, decidió dar luz sobre la tinieblas.
—¡Viene la luz! —gemían y se contorsionaban los ángeles caídos. ——¡Qué haremos? .
En desorden y girando sobre sí mismos gemían y Satanás hablo —¡Ocúltense! —¡Pero donde? —gritaban los demonios —¡Seduzcan al hombre!, es débil, ocúltense dentro de su corazón. Dios no nos destruirá ahí —Asevero Luzbel.
Buscó la razón dentro del alma, en las profundidades de la memoria, en cada rincón de la existencia, sin vestigio alguno, solo nieblas y sombras.
Entre calles ajustadas, desde la mecedora, vio la abuela.., de la terraza, los edificios grises y brillosos en fuego y helados esqueletos de arboles sin hojas a lo largo de avenidas, la explosión que fragmentó los cuerpos, aniquilo..., el desayuno del padre con sus hijos, el hermano que perdona al hermano, el abrazo matutino de la madre a las puertas del colegio, los ojos enamorados de la pareja de la esquina, huesos fragmentados de la humanidad. Un siglo después de otro y siempre lo mismo, el mismo corazón, se escuchaba.
R. Primitivo Carcedo.