Unas
copas vacías
éramos
añejándose
siempre
los pilares prometieron
sujetar la casa
el auto nunca me manifestó su padecimiento
nunca pidieron permiso las termitas
ni los ratones
ni las polillas
y comenzaron a roer
y el corazón se vació
y las estrellas bajaron
por el horizonte.
R. Primitivo Carcedo