sábado, 30 de septiembre de 2017

Espiritu

Mis músculos  son la fuerza
representan la carga
carga purifica
venas pueden
carmín ardiente
sostener el amor
solo  fuerza
no sostiene
amor es mas allá
puede la carne no abandonarte jamás?
eterna las ebriedad de los sentidos?
es eterna su huella?
que huella?
en la tierra
eterna?
sin ello
y sin ser en mi ello yo no puedo ser.


Primitivo 















miércoles, 6 de septiembre de 2017

Mercante

La  rutina del capitán siempre era la misma, atravesar los océanos en su navío mercante , las mismas rutas, los mismos puertos. Pero cada vez que salía de puerto, así el sol estuviese en su mayor esplendor y el cielo despejado, la neblina y las nubes negras envolvían al mercante. Los marineros no se percataban de ello, pensaban que se encontraban en una densa niebla pero el capitán no podía creerlo. Ya en alta mar se dirigió desde el puente a su tripulación "No hay un día que zarpemos y no se oscurezca el cielo ni se destape el sol ¡Aquí debe de haber un pájaro de mal agüero!" exclamaba el capitán, abajo levantando la mano casi sin verse un grumete y tomo la palabra  "Pare las calderas de carbón por un momento y lo sabrá mi capitán".

Equivocadamente creemos que todos ven lo mismo a través de los ojos individuales de cada alma . Cada persona ve las cosas como es en su esencia y las cosas pasan siempre por individual.

Primitivo

martes, 28 de febrero de 2017

El Relojero


El Comienzo


Mis ojos se forzaban por voltear en sus cavidades y mirar hacia atrás, en el pasado, a tal punto que mi cuerpo inmovil o mejor dicho que mi ser, quería voltease hacia atras en el cuerpo inmovil, pero ya el tiempo tomo su distancia, los hechos quedaron. Tuve que seguir caminando, a la espera de mi oscuridad, pero ese es el reloj de un angel caído. Antes del segundo son, las infinitas posibilidades y al golpe del péndulo, no existe escapatoria para el tiempo pasado.





Primitivo Carcedo

jueves, 2 de febrero de 2017

5 Minutos

Flotaban ingrávidas las cenizas de soldados fragmentados sobre el campo de batalla. Un sobreviviente quedaba, arrastrándose sobre la tierra húmeda y rojiza ( los cazas y los obuses habian barrido sobre ellos). Acercandose el sonido de los tanques y el paso de la infanterìa enemíga, con la artillería pesada atravesaría el lugar con  sus morteros, granadas, y cinturones llenos de proyectiles. Él ya podía divisar a 400 metros las puntas de los cañones en los tanques por los arbustos que limitaban la planicie. Penso en correr, la planicie media un kilometro y fácilmente quedaría espuesto bajo francotiradores, quiso ocultarse entre los cuerpos de sus compañeros pero los tanques al pasar lo aplastaría o tal vez sería atravesado por alguna bayoneta. Se acercaba la maquinaria pesada como aplanadora sobre los cuerpos sin vida, se arrodillo y cerro los ojos, los cerro —pa onde agarro Padre, mis deos solo pa la guitarra y el cante, mis manos no son pa matá...— oraba, Un buen guitarrista del flamenco y el cante hondo. tenía el pecho al descubierto y la llovizna lo lavaba.
Los diminutos pies al tras luz de las cristalinas aguas de la playa y las carcajadas de su hijo de dos años que sentia el mar por primera vez. Todos esos momentos vividos otra vez en su corazón se podían ver, no escuchaba el chapoteo de las pisadas en el barro ni el crujir de huesos que hundia la oruga de los tanques tres metros a su derecha, solo silencio en su mente en oración. El flash de los relampagos mostraba los rostros de jovenes soldados y  los ojos cansados de ver tanta muerte. —¡Crack!— el cargador al montar el proyectil en la recámara —¡Plass!— el peso de la bota salpicando barro sobre la cara del soldado.
 En su rezo vislumbraba como un ovillo a su hijo en la cuna, como un ronroneo en noche de luna llena. La suave brisa por la ventana del cuarto  chocaba con el estruendo del momento.
 Terminó la oración, abrió los ojos y para entonces las tropas enemigas se encontraban lejos.

sábado, 7 de enero de 2017

Un Viejo Sofa

Adagio



Un viejo sofá, algunos descosidos y la goma espuma asomando a la  luz amarillenta de la sala. Un anciano sentado, medio veía a través de sus cataratas. Se mezclaban  el carmín de unos labios con la bayoneta en las trincheras, lavadas por la lluvia, ensuciadas por el barro, una pantalla descolorida de cine eran sus recuerdos.
Por las grietas de la pared escamada de blanco y ocre, bajo la piel de aquella pintura, sonaba  Adagio de Albinoni, sin compasión, así llegaban las notas del fonógrafo de la vecina.
Allí recordaba a su amada Claudia.

Primitivo Carcedo