Un viejo sofá, algunos descosidos y la goma espuma asomando a la luz amarillenta de la sala. Un anciano sentado,
medio veía a través de sus cataratas. Se mezclaban el carmín de unos labios con la bayoneta en las trincheras, lavadas por la lluvia, ensuciadas por el barro, una pantalla descolorida de cine eran sus recuerdos.
Por las grietas de la pared escamada de blanco y ocre, bajo la piel de aquella pintura, sonaba Adagio de Albinoni, sin compasión, así llegaban las notas del fonógrafo de la vecina.
Allí recordaba a su amada Claudia.Por las grietas de la pared escamada de blanco y ocre, bajo la piel de aquella pintura, sonaba Adagio de Albinoni, sin compasión, así llegaban las notas del fonógrafo de la vecina.
Primitivo Carcedo