miércoles, 6 de septiembre de 2017

Mercante

La  rutina del capitán siempre era la misma, atravesar los océanos en su navío mercante , las mismas rutas, los mismos puertos. Pero cada vez que salía de puerto, así el sol estuviese en su mayor esplendor y el cielo despejado, la neblina y las nubes negras envolvían al mercante. Los marineros no se percataban de ello, pensaban que se encontraban en una densa niebla pero el capitán no podía creerlo. Ya en alta mar se dirigió desde el puente a su tripulación "No hay un día que zarpemos y no se oscurezca el cielo ni se destape el sol ¡Aquí debe de haber un pájaro de mal agüero!" exclamaba el capitán, abajo levantando la mano casi sin verse un grumete y tomo la palabra  "Pare las calderas de carbón por un momento y lo sabrá mi capitán".

Equivocadamente creemos que todos ven lo mismo a través de los ojos individuales de cada alma . Cada persona ve las cosas como es en su esencia y las cosas pasan siempre por individual.

Primitivo