Solo mi Ciudad
Había dejado de llover y olía a humedad el pavimento, entre calles sordas, vacías. El tiempo parecía detenido y las personas encerradas en sus casas. El rostro de la ciudad tapado por mascarillas, se iba endureciendo, caían las horas y un soplo helado movía los brazos de los árboles.
Ya no remaban en las barcas y pocas eran las personas que cruzaban el parque —hoy no me esperes, me quedo en este viejo banco, sentado junto a mi ciudad— un anciano sujetaba con firmeza su bastón, lo empuñaba sin miedo a irse y acompañó con su vejez a la ciudad donde nació y procreó.
Primitivo
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