lunes, 25 de mayo de 2020

Fruto


El Fruto


Una mujer, de piel, hermosa canela, doblo su torso y volteo su mirada para ver sus glúteos –hay tenéis —dijo.
 Ella era árbol con ramas, con pequeños y redondos frutos tinto y ovalado anaranjado, donde hombres y algunas mujeres se deleitaban comiendo ahí, uno tras otro llegaban y tomaban el néctar, su sabor, el aroma de la piel y sus formas. Todos menos uno, escondido entre las sombras, con sus ojos desorbitados al ver tanta belleza y compartida.
Comían tanto insensatos como feligreses y no dejaba de dar frutos las  ramas , para todos había —¿Porque? —Gemía, en la esquina oculto, sin dejar de mirar.
Ella era una mujer que desprendía la cordura y exaltaba la pasión, sus cabellos de ébano caían sobre su espalda felina y sus ojos resplandecían con  el reflejo de la luna, una mujer de frutos enloquecedores.
No lo soporto más!  — dijo y salió directo desde aquella, oscura esquina envidiosa, se abalanzó y la tomó con sus manos, quebrando el tallo de raíz. Pero al ser arrancada la respiración, las ramas se secaron y él no pudo saborear sino el fruto amargo y muerto, de aquella mujer.

Primitivo Carcedo