El Fruto
Ella era árbol con ramas, con
pequeños y redondos frutos tinto y ovalado anaranjado, donde hombres y
algunas mujeres se deleitaban comiendo ahí, uno tras otro llegaban y tomaban el néctar, su sabor, el aroma de la piel y sus formas. Todos menos uno, escondido entre las sombras, con sus ojos
desorbitados al ver tanta belleza y compartida.
Comían
tanto insensatos como feligreses y no dejaba de dar frutos las ramas , para todos había —¿Porque? —Gemía, en la esquina oculto, sin dejar de
mirar.
Ella era una mujer que
desprendía la cordura y exaltaba la pasión, sus cabellos de ébano caían sobre su espalda felina y sus ojos resplandecían con el reflejo de la luna, una
mujer de frutos enloquecedores.
No lo soporto más! — dijo y salió directo desde aquella, oscura esquina envidiosa, se abalanzó y la
tomó con sus manos, quebrando el tallo de raíz. Pero al ser
arrancada la respiración, las ramas se secaron y él no pudo saborear sino el fruto
amargo y muerto, de aquella mujer.
Primitivo Carcedo
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